De mucho servirá a la ciudadanía capitalina y nacional comparar el impacto de dos eventos políticos inminentes. Por un lado, la anunciada marcha silenciosa del sábado 30 de agosto, convocada por México Unido contra la Delincuencia, protesta nocturna que protagonizarán miles de capitalinos contra el sistema de justicia, la seguridad pública y la impunidad. En el otro frente, un día despúes, el domingo 31 de agosto, los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, el Movimiento Nacional contra la Defensa del Petróleo, se lanzarán a las calles del Centro Histórico para hacer sentir la fuerza de una lucha patriótica que disipe cualquier intención de la derecha por entregar el control de la explotación de los hidrocarburos a la burguesía nacional y a los monopolios internacionales.
Dos motivos diferentes para marchar y en ambos casos, amplios sectores de la sociedad civil representada. En una ciudad que además centraliza la mayor parte de las movilizaciones sociales, la concurrencia de eventos políticos tan cercanos sugiere hacernos algunas preguntas:
¿Los novatos manifestantes, los de blanco, los inconformes por la inseguridad, son, como se ha querido destacar, ciudadanos huérfanos de un mesiánico liderazgo o partido político que los represente?
¿Los profesionales de la movilización, rojos y amarillos, patriotas y verdaderos mártires de la lucha por la defensa de los recursos naturales de la nación, están dispuestos a unir fuerzas con el PRI y toda la oposición en el Congreso para construir una mejor propuesta de financiamiento y sustentabilidad de la industria petrolera que la presentada por el Ejecutivo Federal?
¿Qué preocupa más a los mexicanos, el petróleo o la seguridad de sus familias?
¿Qué resultados a favor, de una u otra causa, generarán cada uno de los eventos?
¿Nuevamente una parte de la izquierda intransigente que sólo considera pueblo a los que simpatizan con el PRD y AMLO, descalificará a esta otra parte de la sociedad porque éstos tienen toda la pinta de esos riquillos opresores que mucho se parecen a la opresora burguesía desalmada?
¿En ambas marchas prevalecen proyectos distintos por la lucha de clases?
¿Descalificar uno u otro movimiento tendrá consecuencias políticas en el 2009?
¿Nuevamente este escenario de confrontación polarizará aun más a las clases sociales en México? ¿Quiénes son los dueños de las calles?
Las protestas en horas hábiles son inpopulares. Lo mejor es hacerlo los fines de semana, evitando al máximo los transtornos a las calles y avenidas de la gran ciudad. Será inevitable comparar los efectos de estos actos públicos, sin embargo se rumora en la sede de la presidencia “legítima” que el 30 puede ser una fecha incómoda para los fines del movimiento lopezobradorista. En estos días deberá de refrendarse o agendarse una nueva fecha, lo que es seguro es que del lado de México Unido contra la Delincuencia la fecha es impostegable. La enorme publicidad de este acto ha unificado a los medios de comunicación que no quieren estar fuera de la jugada, la radio y la televisión hacen eco a la convocatoria, lo mismo está ocurriendo en periódicos y revistas. La promoción busca que la silenciosa caminata con veladoras alcance mayor convocatoria que aquella marcha celebrada hace cuatro años.
Políticamente no sería correcto para el movimiento del peje enfrascarse en un nuevo conflicto con los que él llama “pirruris”. El alto costo de una declaración desafortunda contra los blancos, serviría de pretexto a la prensa que le puso un cerco informativo para aislar más, la que considera egoistamente “su lucha”. Las siguientes semanas son decisivas para definir el destino de la seguridad pública de los capitalinos y del país en general. Ambos asuntos son estratégicos, pero esta vez hay prioridades y coyunturas que deben atenderse urgentemente. Que no se molesten los caudillos de la patria, sí queremos que PEMEX siga siendo una empresa pública para los mexicanos y se repruebe la intervención injustificada del capital extranjero y privado. También reconocemos que PEMEX pretende modernizarse y para ello se deben plantearse esquemas de financiamiento originales y transparentes. Pero por esta ocasión, por nuestra propia seguridad, de todos, blancos, rojos, amarillos y tutifrutis, pongámosle pausa al tema petrolero y definamos las obligaciones del estado mexicano en todos sus niveles en materia de seguridad.
Comentarios: marioortizm@hotmail.com
Dos motivos diferentes para marchar y en ambos casos, amplios sectores de la sociedad civil representada. En una ciudad que además centraliza la mayor parte de las movilizaciones sociales, la concurrencia de eventos políticos tan cercanos sugiere hacernos algunas preguntas:
¿Los novatos manifestantes, los de blanco, los inconformes por la inseguridad, son, como se ha querido destacar, ciudadanos huérfanos de un mesiánico liderazgo o partido político que los represente?
¿Los profesionales de la movilización, rojos y amarillos, patriotas y verdaderos mártires de la lucha por la defensa de los recursos naturales de la nación, están dispuestos a unir fuerzas con el PRI y toda la oposición en el Congreso para construir una mejor propuesta de financiamiento y sustentabilidad de la industria petrolera que la presentada por el Ejecutivo Federal?
¿Qué preocupa más a los mexicanos, el petróleo o la seguridad de sus familias?
¿Qué resultados a favor, de una u otra causa, generarán cada uno de los eventos?
¿Nuevamente una parte de la izquierda intransigente que sólo considera pueblo a los que simpatizan con el PRD y AMLO, descalificará a esta otra parte de la sociedad porque éstos tienen toda la pinta de esos riquillos opresores que mucho se parecen a la opresora burguesía desalmada?
¿En ambas marchas prevalecen proyectos distintos por la lucha de clases?
¿Descalificar uno u otro movimiento tendrá consecuencias políticas en el 2009?
¿Nuevamente este escenario de confrontación polarizará aun más a las clases sociales en México? ¿Quiénes son los dueños de las calles?
Las protestas en horas hábiles son inpopulares. Lo mejor es hacerlo los fines de semana, evitando al máximo los transtornos a las calles y avenidas de la gran ciudad. Será inevitable comparar los efectos de estos actos públicos, sin embargo se rumora en la sede de la presidencia “legítima” que el 30 puede ser una fecha incómoda para los fines del movimiento lopezobradorista. En estos días deberá de refrendarse o agendarse una nueva fecha, lo que es seguro es que del lado de México Unido contra la Delincuencia la fecha es impostegable. La enorme publicidad de este acto ha unificado a los medios de comunicación que no quieren estar fuera de la jugada, la radio y la televisión hacen eco a la convocatoria, lo mismo está ocurriendo en periódicos y revistas. La promoción busca que la silenciosa caminata con veladoras alcance mayor convocatoria que aquella marcha celebrada hace cuatro años.
Políticamente no sería correcto para el movimiento del peje enfrascarse en un nuevo conflicto con los que él llama “pirruris”. El alto costo de una declaración desafortunda contra los blancos, serviría de pretexto a la prensa que le puso un cerco informativo para aislar más, la que considera egoistamente “su lucha”. Las siguientes semanas son decisivas para definir el destino de la seguridad pública de los capitalinos y del país en general. Ambos asuntos son estratégicos, pero esta vez hay prioridades y coyunturas que deben atenderse urgentemente. Que no se molesten los caudillos de la patria, sí queremos que PEMEX siga siendo una empresa pública para los mexicanos y se repruebe la intervención injustificada del capital extranjero y privado. También reconocemos que PEMEX pretende modernizarse y para ello se deben plantearse esquemas de financiamiento originales y transparentes. Pero por esta ocasión, por nuestra propia seguridad, de todos, blancos, rojos, amarillos y tutifrutis, pongámosle pausa al tema petrolero y definamos las obligaciones del estado mexicano en todos sus niveles en materia de seguridad.
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