El pasado miércoles 22 de septiembre la máxima casa de estudios del país celebró su primer centenario como Universidad Nacional. En memoria de Justo Sierra y de los maestros de los ilustres maestros y estudiantado que hace cien años caminaron con toga y birrete sobre las calles del viejo barrio universitario, esta ocasión fueron sus rectores (el actual y algunos de los que siguen vivos): José Narro Robles, Guillermo Soberón (quien desfiló orgulloso en silla de ruedas), Jorge Carpizo, Francisco Barnés de Castro y Juan Ramón de la Fuente. Una postal inédita para el recuerdo de los que somos universitarios. La caminata de la remembranza comenzó muy temprano, a las 8:40, en Seminario y Moneda, culminando el recorrido en Justo Sierra, justo en el antiguo Colegio de San Idelfonso. A los docentes se le sumaron, también con toga, los docentes y estudiantes que representaban a todas y cada una de las escuelas que componen a la primera universidad de América. Los goyas espontáneos de los transeúntes y de los propios universitarios, como los sonoros acordes de los instrumentos y las voces de la tradicional estudiantina de la Facultad de Ingeniería, amenizaron y dieron realce a este solemne acto.
La UNAM es una de los pilares educativos de esta nación. En sus aulas se han formado los mejores científicos, los mejores literatos, los grandes humanistas, la élite intelectual del país, la conciencia crítica de nuestro país. Aunque no ha sido fácil mantener este liderazgo. La conquista de su autonomía y su libertad de cátedra ha servido para que injustamente sea objeto de toda clase de injurias: “nido de grillos”, “comunistoides”, “guerrilleros”, “porros”, “extremistas”. Sin embargo, más allá de los estereotipos y visiones reduccionistas de quienes no conocen la esencia de la institución más noble del país, la UNAM sigue siendo el modelo más viable de formación educativa, pluralidad y universalidad del conocimiento.
Es la universidad pública en su más pura acepción, donde el debate y la constante búsqueda por regresarle a la sociedad lo que se invierte en cada uno de sus estudiantes es un mandamiento sagrado en las enseñanzas que quedan interiorizadas en todos quienes pasamos por sus aulas. No es pecado reconocer que la UNAM también te educa para tomar conciencia de clase, a valorar que detrás de tu formación académica están los esfuerzos del pueblo mexicano: obreros, campesinos, y de todos aquellos y trabajadores que aportan impuestos para sostener el gigantesco presupuesto de esta universidad de masas.
La estructura de nuestro sistema educativo nacional hace que desgraciadamente en México ser universitario sea un privilegio, y egresar de la UNAM francamente algo excepcional. Pese a su matrícula de 323 mil alumnos, la demanda es insuficiente. Hay carreras donde por cada alumno aceptado se rechazan doce. Esta competencia por ingresar lleva a todo estudiante de la UNAM a valorar el lugar obtenido. Pese a este panorama conozco a varios compañeros de generación que en la usual presentación del primer día de clases confesaban que habían sido aceptados luego de cuatro o cinco intentos, ninguno de ellos se lamentaba, más aún, reconocían que eran muchos los llamados y pocos los elegidos, pero que había valido la espera.
Personalmente los mejores años de vivida ocurrieron en los salones, bibliotecas, salas de cine y jardines de la UNAM. Los universitarios somos seres privilegiados, más allá del polémico y relativo concepto de la gratuidad de la educación pública, estamos agradecidos con una institución cuyos valores y enseñanzas quedarán tatuados a lo largo de toda nuestra vida. Cuando en 1999, había quien cuestionaba la existencia de la UNAM como tal, y proponían descentralizarla para eliminar los focos de conflictos sociales concentrados en los grandes campus (Ciudad Universitaria, Aragón, Cuautitlán, Zaragoza, Acatlán…), pensamos tardarían muchos años para restituir el tejido social provocada por aquella huelga. Afortunadamente la Universidad Nacional sigue más protagónica que nunca, aportando más investigación y profesionistas para el engrandecimiento de México. Universitarios del mundo, uníos. Viva nuestra generosa escuela, sus maestros, su proyecto, su filosofía. ¡Qué viva la UNAM por otros cien años más!, por lo menos. Queridos lectores debemos sentirnos felices por este aniversario, porque la UNAM, más allá de lo que pregonemos sus egresados, es el reflejo de lo mejor que tiene este maravilloso país y todos, de alguna forma nos hemos beneficiado de ello. Si alabamos a una deteriorada selección nacional, no regateemos un estruendoso GOYA a la UNAM, vamos: !!!Cachún, cachún ra ra!!!!
Comentarios, críticas y reclamos a este orgulloso e insoportable universitario desaforado: marioortizm@hotmail.com
martes, 28 de septiembre de 2010
Resucitamos de las cenizas de la modernidad; nos resistimos a morir sin expresarnos. Nuevamente llegamos a la plural audiencia de la red de redes, ésta vez para revivir la GRILLA CAPITALINA, con la interpretación y humor de un expectador del espectàculo polìtico mexicano. Bienvenidos, semanalmente presentamos dos artìculos que sometemos a su consideraciòn. Hagamos grilla juntos, opinen, comenten, todo se vale....
SEGUNDA TEMPORADA DE GRILLA CAPITALINA. ARRANCAMOS ESTE 30 DE SEPTIEMBRE. SÌGANOS EN GRILLACAPITALINA.BLOGSPOT.COM
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